El ejército invisible

Traigo de nuevo “El arte de la guerra” de Sun Tzu con un concepto que sí aparece en el libro, el del ejército invisible, y mi particular interpretación.

La China de hace 2000 años estaba dividida en múltiples provincias, todas ellas potenciales enemigas de sus vecinas. Imagina el coste de mantener un ejército regular de forma continua para protegerse de esas posibles amenazas.

Sun Tzu propone por el contrario disponer de un ejército invisible, capaz de responder a amenazas externas en caso de agresión, o de montar una campaña militar en época de conquista, pero de coste reducido en los (breves) periodos de paz.

Habla de entrenar y armar a los campesinos para que en época de paz sigan siendo campesinos y produzcan recursos en  vez de consumirlos, pero puedan ser llamados a filas y combatir rápidamente. Habla de disponer de espías para anticipar amenazas, o descabezar al enemigo antes incluso de que se produzca la amenaza. Y habla de cómo una vez en campaña el ejército debe de abastecerse en el propio territorio enemigo, sin que cueste recursos a la capital.

El maestro Sun era, en fin, previsor y buen gestor.

 

Y me he acordado de él comparando vestuarios.

Imagina un vestuario sin taquillas. Te habrá pasado: los bancos están llenos de bolsas y ropa de gente que no lo está usando en ese momento. Y cuando te vas a cambiar apenas tienes una percha libre y tienes que empujar bultos para conseguir un espacio del tamaño de tu trasero para sentarte.

Y ahora imagina uno con taquillas (y gente cívica), con la ropa y bolsas guardadas, de manera que cuando llegas parece que el vestuario está vacío y es sólo para ti. El resto del ejército es invisible y puedes desplegarte en ese recurso escaso que es el espacio mientras dura tu campaña.

 

Y me he acordado también de nuestras empresas.

Muchas veces son un enorme ejército de departamentos, que se dimensionaron para una campaña militar concreta, pero mantienen su costosa estructura en época de paz o en otro tipo de campañas.

Sun Tzu lo habría enfocado de otra manera.

Los espacios no dependerían de los departamentos, sino de los proyectos, bulliciosos en época de campaña, y limpios y preparados en época de espera.

Conocería lo que realmente es necesario para mantener el imperio y mantendría una plantilla fija, formada, eficaz y dimensionada para las labores habituales del negocio, el “core”.

Los directivos y mandos serían generales capaces de configurar su ejército en función de los objetivos y liderarlo durante la campaña.

Contaría con buenos aliados y colaboradores, que le complementen y le doten de recursos en caso de necesidad.

Sun Tzu tendría la taquilla llena de buenos contactos.

 

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